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Terra
La Coctelera

Escribir sin sentido...

Sólo sé que tengo ganas de escribir. No sé el qué, pero me apetece. Muchos sentimientos acumulados en pocos días me hacen necesitar expresarme a través de palabras (un gran progreso... antes no expresaba las cosas y me hice mucho daño por eso). Lo peor de todo es que irremediablemente todos mis pensamientos de los últimos días acaban siempre en ti, y no sabes lo que me fastida... porque aunque cada día tengo más claro que no eres para mí, cualquier palabra o pequeño gesto tuyo sirven para derrumbar mi mundo en un sólo segundo.

Cuando me saludas, cuando me llamas como sólo tú me llamas, cuando me mandas un sms para decirme una chorrada como la de que no hay nadie que me merezca, cuando me cuentas tus cosas, cuando te preocupas por las mías es cuando tu presencia se me hace más cercana y cuando más necesito verte. Yo decidí mantenerte en mi vida y éste es el precio que tengo que pagar... porque a pesar de que me has hecho mucho daño, me hiciste recuperar una parte de mí que daba por perdida.

A pesar de esto, tengo claro que tú y yo no volveremos a estar juntos (lo cual me hará ganar una cena) y tengo claro que mi vida sigue, que quiero conocer gente y alejar cuanto antes tus fantasmas. Con esta estupidez sólo pretendo asegurarme que nuestro pasado no me impida vivir el presente. Mi propósito del día...

Te echo de menos...

... y ya es algo que no se puede negar.

Ha sido un maldito e-mail el que ha derrumbado todo mi proceso de fortalecimiento. Un e-mail que ni siquiera iba destinado para mí ni para ti, sino para otra persna, pero que de golpe y porrazo me ha hecho darme cuenta de todo. Mi primer instinto ha sido coger el teléfono y marcar tu número, pero he sabido contenerme, que ya te dije que si tú no te decides a dar el primer paso, no seré yo quien lo haga por ti. Ahora sólo espero una reacción, por mínima que sea y que me demustre que me vas a dejar ser alguien en tu vida, que me vas a hacer un hueco, y que voy a ser alguien importante para ti.

A día de hoy, esto sigue siendo imposible. Y mientras yo sigo adelante con mi vida, no puedo evitar de vez en cuando preguntarme qué estarás haciendo o si piensas en mí. Qué malo es esto, pero qué ganas de que vuelvas...

Ya han pasado 4 días...

Desde el lunes por la mañana no sé absolutamente nada de ti. Se me hace muy duro no hacer doble click sobre tu nombre cuando te veo en el messenger, me desespero esperando esos besos o esas flores que me mandabas para abrir conversación. Cada vez que me llega un sms se me encoge el corazón por unos segundos esperando que sea algo tuyo, un simple ¿qué tal estás?, cuando suena el teléfono y es un número que no conozco contesto esperando oír tu voz al otro lado... pero los días pasan y mis escasas esperanzas se desvanecen.

Tengo una clara teoría sobre lo nuestro: te has estado riendo de mí... porque si no, no alcanzo a entender cómo se puede reaccionar tan fríamente, cómo no puedes decir ni una sola palabra cariñosa o amable, cómo te puedes callar mientras yo no hago más que darle vueltas y pensar por qué me tiene que tener la cabeza loca alguien a quien le importo menos que nada.

Yo era feliz contigo y quiero volver a sentir la sonrisa que se me viene a la cara con el simple hecho de pensar en ti, las ganas de verte, de cogerte de la mano, de saber las cosas que te pasan, alegrarme con lo bueno que te pasa y estar contigo cuando lo necesites. Por eso, hoy te dedico una de las letras de amor más bonitas que hoy se me vienen a la cabeza.

Ojalá...

Ojalá no te hubiera conocido nunca. Eso es lo primero que tengo que decir, porque hoy sólo siento dolor, de ése que te corta la respiración, que es tan fuerte que te impide llorar, que te seca la garganta y que hace que te duela hasta el alma.

Jamás en mi vida me había sentido como me siento hoy. Primero me hiciste creer que era única, especial y que ocupaba un huequito importante en tu vida, pero yo sólo era una más, una cualquiera a quien reírle las gracias. Y yo, idiota de mí, enamorándome de la persona que me devolvió la sonrisa, que me hizo ver la vida de forma diferente.

Hoy tengo la certeza de que no volveré a sentir esos abrazos que hacían que se parase el tiempo, o esos besos que me llevaban al cielo, o la sensación de que nada malo era posible cogiéndote de la mano. Por eso estoy triste, porque pierdo la principal razón de mis sonrisas, mi primer pensamiento de la mañana, mi último de la noche.

No puedo ni hablar... mi cerebro no me deja, demasiado ocupado pensando por qué me lo creí todo, por qué fui tan idiota, y por qué llegué a pensar que todo podía arreglarse cuando en realidad tú lo diste por acabado el día que te dije que sabía la verdad.

Pero quizás, lo que más me duela hoy es que no moviste un dedo por mí, que cuando te dije todo lo que sabía, de tu boca no salió ni un simple "lo siento", que no llamaste para ver si yo estaba bien o no, y que siempre fui yo la tonta que te buscaba, por hablar contigo, por saber de ti. Hoy ya te he dicho que se acabó, que no quiero sufrir y que no seré yo quien vuelva a mover un dedo por ti, que si me quieres tendrás que luchar por mí. Tu respuesta ha sido tan, tan fría que no es que haya terminado de romperme el corazón, sino que me lo ha retorcido para multiplicar por infinito el dolor que ya sentía.

Por todo esto digo que ojalá no te hubiera conocido nunca. Porque soy tan imbécil, que me voy a quedar esperando algo que no va a llegar nunca, porque aunque hoy esté disfrazado por otros sentimientos, TE QUIERO.

Noticias curiosas

Soy una auténtica fan de las noticias curiosas que aparecen en las páginas de sucesos. Ayer vi una de las que llaman la atención de verdad y que me hacen plantearme en qué clase de mundo vivimos.

La noticia en cuestión hablaba de un hombre que detuvo la policía por fingir un delito. El delito fingido era su propio secuestro para que su mujer no le echara la bronca (o de casa) tras una noche de juerga loca (el tipo de juerga no lo especificaba).

A eso de las 9 de la mañana, el marido arrepentido llamó a su señora para decirle que le habían secuestrado, que estaba en la Plaza del Ayuntamiento y que por favor llamara a la policía. Pues esa mujer preocupada (o seriamente mosqueada) llama a los cuerpos de seguridad del Estado que eficientemente se presentan a recoger al secuestrado y tomarle declaración.

Cuando el sujeto se pone a contar su historia, la policía se da cuenta de que no tiene ni pies ni cabeza, y el hombre temeroso de su esposa se ve obligado a confesar toda la verdad.

¿Cómo será la mujer para llegar a fingir el secuestro de uno propio? Y mejor aún... ¿qué medida habrá tomado? Porque yo creo que de esta me divorciaba. Así que ya sabéis... si vais a salir de juerga, avisad antes de tener que hacer algo por el estilo, no os vayan a detener por fingir un delito, que ya es cosa grave.

Otra de las noticias curiosas de estos días (que realmente es todo un drama) es la historia de una mujer que fue detenida por envenenar a su marido. Lo meor son las razones que la obligaron a tener que llegar a tal extremo.

La presunta asesina usó el dinero que le dio el seguro por quedarse viuda para ponerse un buen par de prótesis de silicona. Pobre mujer. ¡Qué desesperada debía estar para llegar a un extremo semejante!... pero sobre todo, pobre marido, que se fue sin saber que su mujer iba a aumentarse el pecho, ¡y sin disfrutarlo!.

Definitivamente nos estamos volviendo locos. Así va el mundo.

Barquitos de papel

Hoy he superao un pequeño trauma de infancia: he aprendido a hacer barcos de papel. Resulta que nunca aprendí la técnica y que en mi familia nadie dedicó cinco minutillos a enseñarme.
En la facultad mientras algún profesor soltaba un rollo insulso tratron de enseñarme mis compañeros, pero no sé por qué no se me llegó a quedar.
Pues bien, esta tarde andaba ojeando una revistilla, en un anuncio publicitario de otra revista (GQ creo que era) te enseñaban cómo hacerte el susodicho barquito con la revista. Y ahí que me he aplicado como una niña buena con la papiroflexia y por fin he aprendido a hacer barquitos.
Irremediablemente me ha venido a la cabeza esa canción que Serrat dedica a su particular barco de papel:

Barquito de papel,
sin nombre, sin patrón
y sin bandera,
navegando sin timón
donde la corriente quiera.

Aventurero audaz,
jinete de papel
cuadriculado,
que mi mano sin pasado
sentó a lomos de un canal.

Cuando el canal era un río,
cuando el estanque era el mar,
y navegar
era jugar con el viento.
Era una sonrisa a tiempo,
fugándose feliz
de país en país,
entre la escuela y mi casa.
Después el tiempo pasa
y te olvidas de aquel
barquito de papel.

Barquito de papel,
en qué extraño arenal
habrán varado
tu sonrisa y mi pasado,
vestidos de colegial.

Cuando el canal era un río,
cuando el estanque era el mar,
y navegar
era jugar con el viento.
Era una sonrisa a tiempo.

Nunca os olvidéis de hacer barcos de papel y nunca olvidemos los momentos felices e ingenuos de la infancia.

¿Vivimos de ilusiones?

La teoría del 'Carpe Diem' (vive el momento) es muy bonita y un consejo al que yo creo que todos hemos recurrido alguna vez para ese amigo que está en un momento un poco más bajo por culquier cosa.
Pero, ¿realmente lo ponemos en práctica o vivimos de aquello que queremos que pase para hacernos un poco más felices? Me preguntaba esto después de que una amiga me confirmara que teníamos que suspender nuestros 5 días de vacaciones en Praga. He de decir que la suspensión es por una buena causa para ella, pero a mí en un primer momento se me ha caído el alma a los pies por muchas razones. La primera de ellas es que era la ilusión de la que yo estaba viviendo desde finales de noviembre, y la segunda es que entonces se me quedaban cinco días de vacaciones con los que lgo había que hacer sí o sí.
Por esto mismo, y para acabar de cumplir mi ilusión, he decidido liarme la manta a la cabeza y plantarme en Praga el día previsto a la hora prevista... pero sin compañía. Supongo que unos días sola no me vendrán mal para terminar de aclarar ideas y decidir qué hacer con mi vida. No tengo mucha experiencia en esto de viajar sola, a pesar de que la mayor parte del tiempo en mi vida actual me lo paso sin más compañía que la de mi gata Malpika (puede no parecer mucho, pero agradece).
Pero esto me desvía del tema original. Realmente creo que la mayoría de la humanidad sí vivimos de ilusiones, por pequeña que ésta sea. Eso es lo que nos hace levantarnos cada mañana. Hasta el que dice que se dedica a vivir el momento exclusivamente, tiene una pequeña ilusión que le hase seguir adelante.
Aunque es duro que en algún momento se nos estropee una pequeña o gran ilusión, nunca perdamos el poder de ilusionarnos, que siempre nos permitirá imaginar un futuro un poco más feliz que nuestro presente.

Bienvenida

Bienvenida para mí misma y para cualquiera que por pura curiosidad se dedique a leer esto.
Siempre he querido escribir un blog, pero últimamente ha pasado de ser un proyecto que estaba ahí flotando, a ser una necesidad. He de confesar que soy cotilla, y que me he enganchado a leer lo que escribe más de uno por ahí y he comprobado que esto de escribir les sirve como vía de desahogo a los problemas de la vida cotidiana.
En un momento en el que los problemas se me acumulan, escribo... y de paso practico la escritura, para gozo de mi padre que no hace más que repetirme que retome esta afición que siempre tuve desde niña y que por aquel entonces me hacía feliz.
Por si alguien lee esto y se pregunta por el título, cuento que es la traducción de una canción de Dido ('Sand in my shoes'), que es una de mis cantantes preferidas. Ahí tenéis un pequeño dato sobre mí. Además os contaré que tengo 22 años y que soy periodista (al menos tengo un título que me avala, aunque en la práctica la cosa sea mucho más complicada). Soy madrileña, amante de mi ciudad que se merece un post sólo para ella. Actualmente trabajo en una tienda de souvenirs (no es nada de trabajo ideal, pero da dinero) que además me proporciona numerosas anécdotas... y esque los guiris son demasiado y a veces me superan.
Poco más... con esta bienvenida espero que cualquiera que me lea se enganche y, si no, que al menos me sirva a mí para poner mis ideas en orden y para recuperar la parte que perdí de mí.