Hoy he superao un pequeño trauma de infancia: he aprendido a hacer barcos de papel. Resulta que nunca aprendí la técnica y que en mi familia nadie dedicó cinco minutillos a enseñarme.
En la facultad mientras algún profesor soltaba un rollo insulso tratron de enseñarme mis compañeros, pero no sé por qué no se me llegó a quedar.
Pues bien, esta tarde andaba ojeando una revistilla, en un anuncio publicitario de otra revista (GQ creo que era) te enseñaban cómo hacerte el susodicho barquito con la revista. Y ahí que me he aplicado como una niña buena con la papiroflexia y por fin he aprendido a hacer barquitos.
Irremediablemente me ha venido a la cabeza esa canción que Serrat dedica a su particular barco de papel:
Barquito de papel,
sin nombre, sin patrón
y sin bandera,
navegando sin timón
donde la corriente quiera.
Aventurero audaz,
jinete de papel
cuadriculado,
que mi mano sin pasado
sentó a lomos de un canal.
Cuando el canal era un río,
cuando el estanque era el mar,
y navegar
era jugar con el viento.
Era una sonrisa a tiempo,
fugándose feliz
de país en país,
entre la escuela y mi casa.
Después el tiempo pasa
y te olvidas de aquel
barquito de papel.
Barquito de papel,
en qué extraño arenal
habrán varado
tu sonrisa y mi pasado,
vestidos de colegial.
Cuando el canal era un río,
cuando el estanque era el mar,
y navegar
era jugar con el viento.
Era una sonrisa a tiempo.
Nunca os olvidéis de hacer barcos de papel y nunca olvidemos los momentos felices e ingenuos de la infancia.
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